lunes 11 de enero de 2010

Imaginario...

Para quererte, olvidaré que no soy libre


Y tomaré el camino que me lleva a tu lado


Para que me quieras me liberaré de lo que me ata


Y construiré mi futuro junto a ti


Para quererte hace falta olvidar tus heridas.


Y que yo las provoqué.


Para que me quieras basta con mentir que no


te he olvidado, para que me aceptes…


Para quererte y querer que me quieras


no hace falta nada...haces falta tú




martes 1 de diciembre de 2009

Debí Rogar

No quiero hablarte...
Quiero mirarte y que mis ojos te digan lo que he callado
No quiero pronunciar palabras
porque si lo hago de mi boca saldrán bendiciones y alhagos, pero hoy debo odiarte
Quiero admirarte sin que estés cerca de mí.
No quiero que mi cuerpo traicione la razón
quero que sepas esto, que jamás diré...
Las señales son confusas y yo sólo te quiero abrazar.
Debí rogar por encontrarte hoy en mi camino
y en silencio declararte mi amor...

domingo 25 de octubre de 2009

Dominga ojos azules

Ándele le cambio esa mula suyo por m’ija, me sirve más la mula pa’ sembrar, m’ija no’ mas pide de comer y no da nada, o deme 12 mil pesos, es buena esposa, ya sabe lavar y hacer de comer, llévesela no’ más diga cuanto da por ella.
Pase para verla. Fue lo siguiente que dijo, me sentí como observando un objeto de uso cotidiano. Quizá un jarrón al que sería bueno dejar sobre la mesa, algo que combinara bien con la decoración rústica de la casa… ¡Si me compra un mezcalito hasta se la regalo! Fue lo último que dijo.
Dominga, un curioso nombre para la mujer que cambié por una mula y una botella de mezcal barato, y curioso también porque justamente era domingo aquél día que la conocí. Mujer de esas “prietas color de llanta” que he escuchado en las canciones de Vicente Fernández. Pero con unos ojos azules como el cielo.
La llevé a mi casa tenerla yo era mejor que dejarla quedarse con su papá, que igual pudiera haberla cambiado por una lata de cerveza, cómo por un cartón. Allá en su tierra, las mujeres sólo tienen ese valor, son como moneda corriente y se venden al mejor postor.
Dominga ojos azules era una niña cuando la traje a la ciudad, 15 años, y hablaba poco español, así que en casi 6 meses no le dirigí la palabra, no podía ni contestarme algo que entendiera. Una joven amable, que conservé durante mi estancia en Chiapas, y a mi regreso quise llevar a mi casa.
Una niña de su edad no era alguien para mí, no porque no fuera bonita, sino porque le triplicaba la edad, sólo la saqué de su casa porque creí era lo mejor.
Dominga ojos azules, de otra forma no la podía llamar, a penas y aprendió a hablar bien y me pidió permiso para estudiar, una mujer muy inteligente que con 20 años estudió la preparatoria y que después sola se pagó una universidad…
Esa es su mamá niños, Dominga ojos azules, que hoy es una buena enfermera, que pretende que crean que yo soy su abuelo a la que un día cambié por una mula y una botella barata de mezcal.